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Historia de la villa de Porrera

La villa de Porrera se encuentra situada en un pequeño rellano de uno de los contrafuertes del Tossal, que forma parte de las sierras del Molló-Puigcerver, desde donde domina la confluencia del río Cortiella con tres de sus afluentes más importantes y de caudal más regular: el Barranquill, que baja del Tossal; el río de la Teixeta , que baja del cuello del mismo número, y el barranco de las Sentius, que baja de los términos de Pradell y Falset.

No existen evidencias de poblamiento prehistórico, pero no es una idea desovillada pensar en un posible aprovechamiento de los recursos de la zona por parte de los pobladores del paleolítico y neolítico, que dejaron sus restos en cuevas y simas de las sierras que circunden el término de Porrera por la banda de Falset y Pradell. Esta ocupación parece que llega hasta la cultura íbera y enlaza con la dominación romana. Los recursos de los valles que ahora forman el término de Porrera que podían ser explotados por los antiguos pobladores, como son minerales, madera, carbón y caza, no debieron permitir un asentamiento estable en la zona, de acuerdo con la falta de cestos para utilizar como refugio.

El castillo y las primeras casas estaban situadas a una cierta distancia del río, de acuerdo con su cariz defensivo y de vigía, y orientadas al este. En los bordes del río había una pequeña plana aluvial (en la zona que actualmente se extiende desde donde acaba la dehesa, hasta el puente de la carretera de Torroja) donde, probablemente, los primeros pobladores debieron establecer sus cultivos y huertas. Un uso éste que, encara hoy día, se conserva, si bien de forma testimonial y que ha dado lugar a nombres como lo camino de la huerta.

Hasta el año 1170, finales del siglo XII, Porrera formó parte del territorio controlado por Siurana, año en que pasó en manos de Albert de Castellvell. Este feudo donación de todo el término exceptuando las minas de plomo, hierro y estanque, el año 1171, al monasterio de Pedrabona de Sant Vicenç del Garraf. El año 1180 estalló un conflicto con el rey Alfonso I, ya que éste había hecho donación a Pere de Déu, añadiendo, esta vez, las minas de plata.

El año 1201, los canónigos de Sant Vicenç del Garraf otorgaron carta de población a los habitantes de Vallem Porreram. En abril de 1263 el monasterio de Escaladei compró los territorios y derechos de Porrera que fueron incorporados en el Priorat de la Cartuja de Escaladei. En el siglo XIII está documentada la existencia de una fortificación con castillo y murallas y el año 1462 un grupo de porreranos fue a luchar contra las tropas del rey, obedeciendo el llamamiento de la Generalitat. Más adelante, durante la guerra de Sucesión, Porrera se puso en la banda de los austriacistas y colaboraron en la derrota de las tropas borbónicas en una batalla cerca de la villa, ya en las postrimerías de la guerra.

Durante el "convuls" siglo XVI, muchos porreranos, descontentos con los abusos del gobierno del rey, formaron parte de diversos grupos de bandoleros, de los cuales el más conocido del Priorat fue el Carrasclet. Hay que pensar que, muy probablemente, por este motivo, el año 1718 la Audiencia hizo derribar una parte de la muralla y del castillo de Porrera.

Durante el siglo XVIII Porrera, al igual que todo el Priorat, vive unos momentos de crecimiento económico y demográfico. La demanda internacional de vinos y aguardientes hace que el Priorat se especialice en el cultivo de la viña. Al mismo tiempo, Porrera se convierte en paso obligado de los traginers que transportaban el vino hacia la ciudad de Reus, lugar desde donde se preparaban los vinos para ser embarcado en el puerto de Salou hacia los mercados internacionales. El pueblo se ensancha, incluso el año 1804 se construye un puente para cruzar el río Cortiella, lo cual permite el crecimiento del pueblo hacia el camino de Falset.

Durante la guerra Napoleónica el somatén de Porrera derrotó un convoy del ejército napoleónico en una batalla cerca del cuello de la Teixeta , cuando éste se dirigía hacia el castillo de Falset. Como represalia a este hecho, el ejército francés atacó la villa y derrotó el somatén. Los soldados permanecieron unos días en Porrera saqueando, incendiando y profanando la iglesia y la ermita de Sant Antoni.

En Porrera la historia le ha reservado la fama de villa liberal e insurrecta. Esta fama se la ganó en el siglo XIX, durante las guerras entre absolutistas y liberals. El 15 de marzo de 1820, los liberales ganan las elecciones en Porrera y proclaman la Constitución de 1812, redactada por las Corts de Cádiz y popularmente conocida como " la Pepa ”. Muchos hijos de Porrera participaron activamente y a primera línea en las guerras carlines que se fueron sucediendo a lo largo de este siglo. En pleno trienio liberal, la milicia de Porrera tuvo que salir en bastantes ocasiones en los pueblos de los alrededores para sofocar revueltas en protesta por la pésima situación económica del país. Fue el mes de julio de 1822 cuando, aprovechando una de las salidas de la milicia, el pueblo fue atacado por milicias realistas que incendiaron muchas casas del pueblo y saquearon el resto. A raíz de estos hechos, las cortes concedieron en Porrera el título de Villa Eminentemente Constitucional y sus hijos fueron nombrados Beneméritos de la Patria.

Cuando tuvieron lugar las desamortizaciones de los bienes de la iglesia, Porrera, como todo el resto de pueblos bajo la dominación del Prior de Escaladei, quedó libre de diezmos en su cartuja. Cuándo ésta fue incendiada y expoliada de sus piedras, ya que poca cosa más abandonaron los cartoixans en su huida previa, la fama de insurrectos, que ya entonces precedía los porreranos , hizo que esta destrucción les fuera atribuida en gran medida. En aquellos tiempos se hablaba de Porrera como la población masía revoltosa que ninguna otra en Cataluña, frase que también contribuyó a hacer mayor el mito de la Porrera liberal.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, Porrera, como la mayor parte del Priorat, aumentó el cultivo de la viña. Vicens Vives escribió que en el Priorat la expansión de la viña no conoció límites, ocupando no sólo las espesuras y los peñascos sino también tierras salvas, hasta entonces dedicadas a los cereales. Este hecho se produjo por la gran demanda de vino en los mercados internacionales, a raíz de la plaga de filoxera que estaba exterminando las viñas de Francia. En aquel tiempo se decía que si Porrera vaciara los lagares en el río, bajaría más vino que agua, por la gran cantidad de vendimia que se producía a su término. El monocultivo de la viña y la dependencia social y económica que comportaba, resultaron fatales cuando en 1893 fue descubierto en Porrera el primer foco de filoxera de la comarca, de que ya había atacado el Penedés. En poco tiempo las viñas se convirtieron en páramos y la población, atraída por la proximidad de Reus, abandonó buena parte de la tierra. Muchos porreranos, sin embargo, volvieron a arrancar de cuajo la tierra y muchos costeros volvieron a ser plantados de nuevas cepas, con pie americano resistente a la plaga e injertadas de las tradicionales variedades autóctonas.

Ya entrado el siglo XX algunas de aquellas nuevas viñas y también antiguas plantaciones hasta entonces abandonadas, fueron plantadas con avellanos, porque resultaba mucho más rentable este cultivo que el de la viña, ya entonces poco valorada a raíz de la recuperación de las viñas francesas y de la crisis del sector vitivinícola. Este hecho, que coincidí con la llegada de inmigrantes que se establecieron en Porrera para trabajar a la construcción del canal que llevaría el agua del Siurana hacia Riudecanyes -primer trasvase entre cuencas fluviales hecho a Cataluña- , hacéis que Porrera conservara un número de habitantes bastante considerable, en relación en otros pueblos de la misma comarca.

A partir de los años sesenta del siglo XX, el descenso progresivo e imparable del precio de los frutos secos, unido a la industrialización de las grandes ciudades, provocó, como en todo el mundo rural de todo el país, una migración de porreranos que abandonaban las tierras para trabajar a las industrias. La proximidad a Reus, la mejora de la red vial a los años ochenta y la adquisición, cada vez más, de vehículos particulares hicieron que, otra vez, Porrera no sufriera de forma tan severa el despoblamiento sufrido a toda la comarca.

 

 

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